APLICACIÓN DE LA ESCAYOLA


Antes de comenzar a utilizar este material, es aconsejable cuidar las condiciones de trabajo, eligiendo el lugar apropiado y utilizando ropa vieja o una bata. La escayola es un polvo blanco muy ligero que se desplaza por el aire con gran facilidad e impregna de blanco todo su entorno.

El recipiente a utilizar debe estar muy limpio, especialmente de restos de escayola.

Es muy importante no excedernos en la cantidad de agua, para no hacer excesiva cantidad de escayola que posiblemente no de tiempo a consumir y que haya que tirar a la basura. Siempre es preferible hacer poca cantidad y trabajarla más cómodamente.

La escayola es más fina que el yeso, seca antes, adquiere un color blanco más intenso que el yeso, y es menos porosa.

Para preparar la masa se espolvorea con cuidado en el recipiente, procurando repartirla de forma uniforme por toda el agua. Se ha de echar escayola hasta que el polvo seco se pueda apreciar parcialmente por encima de la superficie del agua. Si nos quedamos cortos en escayola, la mezcla será muy l’quida y no se podrá aplicar hasta pasado un buen tiempo y si por el contrario echamos demasiada escayola, endurecerá rápidamente y no dará tiempo a gastarla. A continuación se mueve la mezcla, que ha de tener el espesor un poco más blando que las natillas. Se mezclará perfectamente, procurando que quede sin grumos.

Se aplica sobre el porexpán con un pincel o una pequeña brocha. Al desplazar el pincel en la aplicación de la escayola, éste suele dejar las marcas propias de las cerdas. El resultado de esto no es muy vistoso ni real, por lo que hemos de pasar el pincel varias veces en sentidos distintos para borrar toda huella.

Es conveniente impregnar de escayola más bien l’quida todas las paredes, con objeto de que después la masa más importante de escayola que se le aplicará y que dará la rugosidad necesaria agarre muy bien el porexpán.

Al aplicar la escayola, ésta va cubriendo poros y pequeñas grietas por lo que puede haber algœn detalle de construcción que se pierda cubierto por la escayola, por eso

Es conveniente empezar por aqu’. Al cubrir las esquinas, hemos de ser cuidadosos y eliminar todos los goterones que seguramente se producirán por la aplicación de la misma. Una vez que haya endurecido será dif’cil de eliminar y al pintar se verá demasiado claramente.

No solamente las paredes de construcciones que den al exterior son las que se deben revestir de escayola, sino también las paredes interiores, de manera que cuando haya que colocar una luz en el interior de una vivienda o detrás de un muro, éste no se transparente, ya que da un efecto muy irreal e indicativo de no cuidar detalles. Además de esta forma aumentamos la seguridad en el nacimiento ya que el porexpán tiene un enemigo que es el calor. Si colocamos una lámpara cerca de un trozo de porexpán, el calor de la misma puede abrir un tremendo incendio, por ello no está de más proveer de una buena capa de escayola los interiores no vistos de una vivienda y las paredes no vistas de muros.

Cuando la escayola empiece a endurecer, hay que dejar el pincel en agua y lavarlo bien si queremos volver a utilizarlo. Nunca hay que añadir agua a la escayola cuando se endurece ya que se corta el proceso de fraguado y puede ocurrir que esa escayola no endurezca nunca y la pintura jamás alcance los tonos esperados.

Es el momento de utilizar la espátula y aplicar la escayola con este elemento. No se trata de alisar con ella toda la superficie, sino más bien todo lo contrario, dejar rebarbas y rugosidades relativamente pronunciadas, con objeto de envejecer la construcción.

Estando la escayola tan dura que solamente podamos extraerla del recipiente con las manos y algo de esfuerzo, sacamos un poquito y hacemos grumos que con las yemas de los dedos vamos a aplicar a las paredes de las viviendas de manera que la superficie que antes era algo uniforme y de acabado casi liso ahora la convertiremos poco a poco en superficie irregular. Hay que procurar aplicar estos restos de forma arbitraria, unos más grandes que otros y aplastándolos bien con la mano de forma que tampoco sea excesivamente abrupto el resultado.

A los pueblos situados en primeros planos hay que aplicar la escayola con mayor rugosidad que a los situados en planos intermedios o a los finales. De esta forma se logra que nuestra composición adquiera sensación de profundidad ya que a mayor lejan’a en la realidad no se pueden apreciar tantos detalles.

Unos ladrillos sobre los que se ha aplicado una simple capa de escayola resultarán poco naturales puesto que se asemejarán a ladrillos nuevos (recordemos que por aquel entonces lo que se utilizaba era el adobe: mezcla de barro y pajas secas sin cocer que algunas veces se enriquec’a con otras sustancias como cal).

Al aplicar la escayola a los ladrillos hay que procurar que ésta no cubra las hendiduras que existen entre ladrillo y ladrillo, lo cual da mal efecto, ya que resultan demasiado lisas y perfectas las caras vistas de los ladrillos y no tienen relieve.

Para dar relieve a los ladrillos de un desconchón, los bloques de piedra de un gran muro y las piedras de cercas o naturales del campo, se espera a que la primera escayola esté prácticamente seca y entonces aplicamos un poco de escayola con el pincel. El pincel se ha de colocar vertical a los ladrillos y la escayola debe tener un grado de espesor medio. Desplazamos el pincel en vertical, como si quisiéramos pinchar en los ladrillos con las cerdas del pincel y lo separamos en vertical, igual que como se acercó.

Procuraremos no tocar, en lo posible, las juntas entre ladrillo y ladrillo. Ha de quedar una superficie parecida a cuando se da a una pared el picado de pasta con rodillo, a escala reducida. Al pintar con la técnica del pincel seco, estos salientes toman un color más claro que le fondo, lo que imprime un relieve muy apreciable.

Hay dos posibles soluciones:

Añadir aguaplast a la masa en una pequeña proporción. Esto hará que endurezca la escayola mucho más lentamente y se pueda trabajar con más tranquilidad.

Otra posible solución es a añadir cola blanca. Este producto hace la escayola más impermeable y también retrasa un poco el secado.

Si se prefiere que al dar la escayola ésta adquiera una textura determinada (es decir que tenga, por ejemplo, pequeños grumos al estilo de los chinos del suelo), la forma de conseguirlo es sencillamente añadir a la masa cuando está recién mezclada una pequeña cantidad de arena. También se puede añadir serr’n para dar una textura parecida a la de la hierba impregnada en una roca.

Las posibilidades en cuanto a texturas están abiertas a posibles ensayos por parte de cada cual, es cuestión de probar primero con varios elementos y observar el resultado.

Hay un procedimiento que consiste en utilizar un pulverizador. Se aplica cuando la œltima capa aœn no ha secado. Se toma el pulverizador lleno de agua y pulverizamos la zona elegida para el efecto, sin que el agua llegue a acumularse, solo humedecerlo. Inmediatamente después se pulveriza escayola seca. Este proceso se repetirá por lo menos dos veces, dependiendo de la textura que se pretenda lograr.


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